Cartografías perdidas
El Atlas de Felipe IV y las estrategias visuales del poder colonial  (s.XVII).

Marina Gutiérrez De Angelis

Resumen

En 2002, los investigadores Felipe Pereda y Fernado Marías hallaron en la Hofbibliothek de Viena, el Atlas encargado por Felipe IV a Pedro de Teixeira Alvernas. La aparición de estas cartografías perdidas comienza a desmentir la idea aceptada de la falta de mapas y planos en la Península Ibérica durante el siglo XVII, atribuida en parte a la política de secretismo imperante en ese período, pero también, al hecho de que las posibilidades de edición en España eran reducidas en comparación con los centros más activos y prolíficos como Italia, los Países Bajos y Francia. Esto no quiere decir que los reyes españoles no comprendieran la importancia de los mapas ya que justamente fue la cartografía utilitaria la que desempeñó un rol clave dentro del proceso de expansión atlántica y el debate político sobre las colonias. Mapas, Atlas, planos, plantas y fuertes así como relatos de viajes y dibujos sobre flora y fauna de los nuevos territorios,  deben considerarse como verdaderos actos de imagen que fusionaron el impuso descriptivo, la ciencia y lo pictórico como estrategias visuales de la política española y la de las potencias rivales, con marcado espíritu anti-hispano. Estas cartografías perdidas muestran que el rol de estas imágenes en España presenta más matices de los que se habían considerado hasta el momento.

Palabras clave: Cartografía, Bildakt, Monarquía española, Felipe IV, Siglo XVII.

 

Artículo

Marina Gutiérrez De Angelis

Fecha: Septiembre 2020

Cómo citar este artículo:

G. De Angelis, Marina. “Cartografías perdidas. El Atlas de Felipe IV y las estrategias visuales del poder colonial (s.XVII).”, e-imagen Revista 2.0, Nº 7, Sans Soleil Ediciones, España-Argentina, 2020, ISSN 2362-4981

 

 

Un mundo no es suficiente

Un medalla de Felipe II de 1580, une la imagen del globo terráqueo como símbolo imperial y el espíritu del cruzado cristiano. Esta medalla acuñada por la anexión de Portugal, contaba de un lado con el busto del monarca de tres cuartos con la leyenda “PHILIPP HISP ET NOVI ORBIX REX” y por el otro, un caballo galopando sobre un globo terráqueo divido por los meridianos y el Ecuador con la leyenda “NON SVFFI CIT ORBIS” [El mundo nunca es suficiente] (fig.1). El motivo había sido propuesto tiempo atrás por Ludovico Domenichi como empresa para Felipe II. La Empresa constaba de un circo romano donde un caballo a la carrera sale y pasa la mitad del circo con la leyenda “NON SVFFICIT ORBIS” inspirada en un fragmento de Juvenal dedicado a Alejandro Magno. Jacobo Typot en sus comentarios a las empresas y emblemas de Symbola diuina et humana Pomtificum, Imperatorum, Regum, publicada en tres volúmenes en Praga entre 1601 y 1603, se refiere a la anécdota contenida en los Moralia de Plutarco (Sobre la paz de alma, 4), donde se narra que Alejandro Magno lloró cuando oyó a Anaxarco decir que había un número infinito de mundos en el universo. Cuando le preguntaron por qué lloraba, respondió: «¿No creéis que sea motivo de lamentación que habiendo tantos mundos, yo aún no he conquistado ni uno? (fig.2).

Figura 1: El antecedente literario de esta expresión se encuentra en la Sátira 10.168: Unus Pellaeo Iuvenis non sufficit orbis. “Unus non sufficit orbis” [Un mundo no es suficiente]. En la imagen emblema con Fortuna con globo de vidrio, vela y mar. En el mar, Fortuna se apoya sobre un globo. Representa las muchas victorias del Rey y que conseguirá muchas mas y encontrará mas reinos para conquistar.

Figura 2: Empresa de Felipe II en Jacobo Typotius, Symbola divina & humana, 1601-1603, p.205. Puede consultarse en línea: https://books.google.it/books?id=ySZmAAAAcAAJ&printsec=frontcover&hl=es (acceso 28/09/2020).

Felipe II aparece así encarnado en una Empresa donde el Imperio heredado de su padre no es suficiente (Almuneda, 1998:250). La imagen de Gómez de la Reguera ofrece una segunda lectura que opondría esta empresa a la de Enrique II de Francia, con quien estaban enfrentados los Habsburgo, puesto que el monarca francés, siendo príncipe, utilizaba una divisa con una luna creciente y el mote DONEC TOTUM IMPLEAT ORBEM (Fig.3). En las Empresas de los reyes de Castilla (1695) comenta que

quiso es esta Empresa adelantarse a otra, que oso Enrique segundo de Valois Rey de los Franceses, con quien tubo tan prosiadas guerras, este Christianissimo Rey uso de dos Empresas de un mismo concepto y casi sin diferenciarse en el cuerpo, La una tres medias Lunas enlazadas, La otra sola una media Luna, y la Letra en ambas DONEC TOTUM IMPLEAT ORBEM: mostrando en ella este generoso Principe la vizarria de su valor, pues hasta conseguir el dominio del mundo sugetandole a su Imperio, no podia llenar el vacio de sus deseos, así cogiendo el concepto nuestro Rey Felipe Segundo le adelanto en esta diciendo NON SUFFICIT ORBIS (1)

Esta lectura de Reguera indica que mientras que Enrique II no satisfaría sus deseos hasta dominar el mundo, Felipe II iba más allá, al afirmar que el mundo no le era suficiente.

Figura 3: Gómez de la Reguera y Serna, Francisco, Empresas de los reyes de Castilla / recoxidas, exornadas y illuminadas por Francisco Gómez de la Reguera, gentilhombre de la Cámara del Infante Cardenal D. Fernando de Austria ; sacadas de las orixinales manuscritas del autor por D. Juan Antonio Fernández de la Reguera, secretario del secreto del Santo Oficio de la Inquisición de Valladolid, 1695, página 170 y 171

La diferencia entre la imagen de Neugebauer (fig. 4), Gómez de la Reguera y Typotius, es que estas están compuestas por un caballo trotando sobre un orbe, mientras que la de Ludovico Domenichi lo sitúa saliéndose de un circo romano durante su desbocada carrera. En la edición de Paolo Giovio del Dialogo de las empresas militares y amorosas (1558) Domenichi relata que al saber que Felipe II no tenía ninguna Empresa

podría ser que temerariamente haya soñado una para su Megestad, la qual es el antiguo Circo Romano, a donde está un velocissimo Cauallo, que puesto en carrera, sale y passa della mitad del dicho Circo. El mote es un medio verso del iuvenal, que dize NON SUFFICIT ORBIS (2)

Al igual que Reguera, interpreta la empresa de Felipe II frente a la de Enrique de Francia y justifica la comparación del primero con Alejandro Magno, puesto que Enrique “haviendo figurado una Luna creciente con el mote  DONEC TOTUM IMPLEAT ORBEM parece que se contenta con el imperio del mundo” (3). Podemos considerar que ambos motivos son variantes de una misma divisa en tanto que la idea subyacente es la misma: trascender la idea del límite espacial y corporal, ya que eran las dos formas en las que el monarca desplegaba su poder en los territorios que componían su imperio. La cartografía como estrategia visual del poder colonial, dió origen a un intenso debate político sobre las colonias que, como señalan Pereda y Marías (2005) impulsó el desarrollo de un sistema mixto de figuración del poder, que combinó la imagen real como sucesión de retratos del monarca español con la representación del territorio como figuración del Imperio. Una nueva forma de auto-representación basada en un sistema de figuración genealógico-espacial. 

Figura 4: Globo terráqueo & Pegaso. “Non sufficit orbis”. Salomon Neugebauer, “Selectorum Symbolorum Heroicorum” (Frankfurt, 1619, p.131)

Figura 5: La rivalidad entre España y Holanda por los territorios americanos retoma en esta rara moneda de 1602 el lema de Felipe II frente al león de Holanda.

Una moneda de 1602 relata la captura de un galeón español. Del reverso, exhibe el caballo de Felipe II de España saltando al Nuevo Mundo perseguido de cerca por el león que figura Holanda (fig.5). La leyenda puede traducirse como “El mundo no es tan grande como para que no pueda seguirte a donde vayas”, aludiendo a la rivalidad holandesa con España por las ciudades de las Antillas y la costa brasileña. América despertó las fantasías mas inquietantes desde la mirada de los navegantes, los militares, los comerciantes, los gobernantes y los estudiosos. Las diferencias entre los mapas españoles y holandeses está dada también por la intensa postura antihispana de estos últimos. Algo que puede observarse en las fórmulas que incorporaron a los territorios bajo dominio español en oposición a aquellos bajo dominio holandés. Una tierra de monstruos y caníbales donde las tensiones entre la corona española y el resto de las potencias europeas se encarnó bajo la forma de una verdadera guerra de imágenes. La predilección por los mapas se vio favorecida por las nuevas posibilidades de impresión y el impulso de los nuevos territorios descubiertos que provocaban curiosidad y fascinación. El caso de Holanda es de capital importancia en términos de la difusión de proyectos editoriales que publicaron y editaron mapas y grabados de América. El interés por las colonias americanas se deduce del número creciente de ediciones que vieron la luz a lo largo del siglo XVII. La demanda de mapas respondía tanto a las necesidades comerciales de navegación como al interés del público general respecto de los nuevos territorios. Esto dio origen a suntuosos proyectos editoriales y gran número de disputas por plagio y robo, con grandes Atlas que recopilaban imágenes y datos de las colonias (Lechner, 1992:98).

Estas publicaciones de relatos antiespañoles e imágenes que se hacían eco de la crueldad extremas no podían dejar indiferentes a los lectores pero tampoco pueden dejar inadvertido  el mensaje que contenían. A donde llegara el español se sembraría esclavitud, violencia y muerte. La difusión de estas imágenes se hizo a partir del crecimiento del circuito editorial que comercializaba mapas y estampas. Los relatos de viajeros contaron con una mayor libertad de publicación en Europa del norte en comparación con el secretismo de estado de los mapas producidos por los españoles. En el primer volumen de America de De Bry dedicado al norte del continente, las imágenes se corresponden con nobles salvajes en territorios con presencia protestante inglesa o francesa. Por el contrario, en el ultimo volumen, cuando hay españoles, se los representa como víctimas de atrocidades. Esto puede observarse en el modo en que contrastan las imágenes de los pobladores desnudos que pescan, navegan y viven como criaturas de inocente belleza. Las imágenes de los habitantes de América del Norte destaca por el uso de fórmulas clásicas. El hallazgo de cartografías perdidas como el Atlas de Felipe IV, ha permitido comprender mejor el importante papel que jugó como estrategia visual del poder colonial en España y en las estrategias de sus rivales. 

Frederick de Witt, Carta de América (detalle), Primera mitad del siglo XVIII, 135,3×148 cm, Museo Palazzo Poggi, Bologna. Llos holandeses se presentan dialogando con unos indígenas que no muestran rasgo alguno de violencia o temor mientras que las imágenes incorporadas en mapas de regiones bajo el dominio español, los soldados españoles se encuentran masacrando a los indígenas.

Americae pars quarta, sive, Insignis & admiranda historia de reperta primùm Occidentalis India à Christophoro Columbo anno M. CCCCXCII, Girolamo Benzoni, Thedore De Bry, 1594. University of Houston Libraries,p. 79.

Fray Bartolomé de Las Casas. De Bry, Narratio regionum indicarum per Hispanos quosdam devastatarum verissima, 1614. Oppenheimii: Sumptibus Johan-Theod. de Bry : Typis Hieronymi Galleri, p. 59

La entera noticia como política de estado de la Monarquía Española.

Los mapas y grabados que acompañaban los relatos de viajeros nos hablan de la importancia que la imagen alcanzó durante el siglo XVII como medio de conocimiento. Mapas y otros medios de la imagen asumieron un papel fundamental dentro del proceso de expansión atlántica europea. La más famosa de las cartografías de la época, la de Sebastián Münster, incluía las realidades americanas junto con imágenes fantásticas de América. Para la misma época, se editó el Methodus apodemica (1577) de Theodor Zwinger, donde se exponía una serie de reglas para sistematizar la información producida en los viajes. Estos métodos de recolección de datos continuaron siendo utilizados incluso durante el siglo XVIII por diversas sociedades y academias europeas, estableciendo procedimientos para la recolección de plantas, animales y minerales. Pero el interés por la información sobre los nuevos territorios ya se encontraba en las cartas de los Reyes Católicos a Colón, a quien solicitaron en el segundo viaje de 1502 la preparación de un informe. Entre 1508 y 1512 se reguló la descripción de las Indias al crearse el cargo de Piloto Mayor de la Casa de Contratación, cuya tarea era la producción del padrón real de Indias con las noticias que se obtenían en América. En 1519 la necesidad de contar con información más precisa experimentó un nuevo impulso con las incursiones de Hernán Cortés en México y las cartas que envió a Carlos V (fig.6). Las instrucciones de 1523 impulsaron el desarrollo de un proceso de sistematización de la información que se convertiría en la política de Estado de Felipe II. Como señala Bustamante (2000:35), las iniciativas de Felipe II no fueron una innovación absoluta sino una continuación de un largo proceso, ya que durante el gobierno de Carlos V los avances de Hernán Cortés sobre el territorio fueron determinantes en el proceso de sistematización del saber.

A partir de allí comenzaron a organizarse los datos y se establecieron las bases de las Relaciones Geográficas del siglo XVI. La información sobre los territorios conquistados se convirtió en la posesión más valiosa para la corona española si tenemos en cuenta que el Consejo de Indias estableció que las Relaciones de Indias seguirían un cuestionario que debía ser contestado en cada localidad (Podgorny et al, 2000:2190). Este proyecto iniciado durante el reinado de Felipe II, fue desarrollado por Juan de Ovando. El primer cuestionario de 1569 contaba con 37 preguntas para enviar a los oficiales de las jurisdicciones de las Indias (4). En 1571 Ovando redactó un cuestionario nuevo con 200 preguntas para las autoridades civiles y eclesiásticas. Luego de la muerte de Ovando el responsable del proyecto fue Juan de Velasco, que publicó en 1577 un nuevo documento con 50 preguntas (5) bajo el título Instrucción y memoria de las Relaciones que se han de hacer para la descripción de las Indias, que su Majestad manda hacer para el buen gobierno y ennoblecimiento de ellas (Carey, 2016:30). Los cuestionarios de Ovando se correspondían con las Ordenanzas aprobadas por la Real Cédula del 24 de Septiembre de 1571, que creaba el cargo de “cronista y cosmógrafo mayor de los estados y reinos de las indias, islas y tierra firme del mar océano” y su tarea era recopilar la historia general, moral y particular así como de los acontecimientos memorables y de las cosas naturales y excepcionales, especialmente todo lo relativo a la cosmografía y descripción de las indias (Cuesta Domingo, 2007:119). El cronista mayor tenía como función la formación de un archivo para guardar los documentos de Indias y al cosmógrafo le correspondía escribir una Geografía general de las Indias basadas en las Relaciones particulares que eran enviadas desde las provincias.

Figura 6: Hernán Cortés. “El mapa de Tenochtitlan de Cortés (1524)” en Praeclara Ferdinādi Cortesii de Noua maris Oceani Hyspania narratio […] Nuremberg, Alemania: Friedrich Peypus, 1524.

Los dos cargos recayeron en Juan López de Velasco, quien había trabajado junto a Ovando y que redactó en 1571-1575 la Geografía y Descripción General de las Indias (6). En 1573 también vio la luz el proyecto de transformación de la administración de las Indias bajo la dirección de Ovando y López de Velasco. En las Nuevas Ordenanzas de Descubrimiento, Población y Pacificación de las Indias firmadas por Felipe II se describen los lugares adecuados para instalar poblaciones y la forma y proporción que debían tener las ciudades. Como señala Manso Porto, en estas ordenanzas se produce un cambio con respecto al período de Carlos V, puesto que el término conquista es sustituido por el de pacificación (Manso Porto, 2012:24).

Estos relevamientos de territorios impulsaron la creación de mapas y planos de las colonias con un claro interés práctico y militar. Este carácter utilitario y el secretismo que rodeaba estos documentos, determinaron las diferencias entre las imágenes sobre el continente desarrolladas en España y el norte de Europa. Las instrucciones para las Relaciones de Indias respondieron al interés de Felipe II por el conocimiento del territorio con particular atención por los recursos naturales y humanos. Las ordenanzas dieron impulso a un mecanismo de gobierno que funcionaba a la distancia e implicaba que las autoridades locales registraran, recolectaran y remitieran los datos. Esta política que articulaba el conocimiento con el gobierno de las provincias fue el origen del creciente interés por los métodos de recolección.

 

Todos estos documentos fueron utilizados entre el siglo XVI y XVIII por los cosmógrafos de Indias y fue uno de ellos, Juan Bautista Muñoz quien solicitó a Carlos III el envío a Madrid de estos documentos para redactar su Historia General de América, donde figuran casi todas las relaciones cartográficas de Indias (7). La información producida funcionó como un dispositivo de gobierno que durante el siglo XVIII sufrió algunas variaciones, puesto que fueron utilizados para obtener objetos naturales para las nuevas instituciones científicas y colecciones (Figueroa, 2012:133). Arndt Brendecke sugiere que si bien se acumuló una gran cantidad de conocimiento empírico sobre las colonias fue la organización de ese saber la que produjo la gran revolución del conocimiento en la erad moderna. La Casa de Contratación (1503) y el Consejo de Indias (1520) concentraban no solo la correspondencia sino los asuntos de navegación, comercio, cartografía y transporte de personas. Esto evidencia la relación estructural entre las funciones del saber y las prácticas vinculadas al ejercicio del dominio. El proceso de expansión colonial se basó en la construcción de un conocimiento empírico, su organización y control (Brendecke, 2012:17). La “entera noticia” se convirtió en el lema de la política española acerca de la recolección de información y la construcción de saberes referidos a lo que sucedía en sus territorios (8). Esto manifiesta el claro monopolio de la información, un “eurocentrismo europeo” que hizo a las colonias ver su historia a través del cristal de los documentos coloniales.

El Atlas del Rey Planeta

Durante el siglo XVIII “la praxis de adquirir conocimientos empieza a coincidir con un programa cabalmente formulado para aprovecharlos” (Brendecke, 2012:36)17). La gran obra encargada por Felie IV, el Rey Planeta, a Pedro de Teixeira Alvernas (1595-1662) La descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos de 1634 (fig.7) es considerada la mayor obra cartográfica conocida acometida durante el siglo XVII por la Monarquía Hispánica. El encargo tenía como objetivo recopilar una descripción precisa y completa de las costas de España, de sus puertos, de sus ciudades más importantes e incluso de sus antigüedades (9). La idea inicial fue encargarla a Joao-Baptista Lavaña (1555-1624), maestro de matemáticas del futuro Felipe IV. La primera parte de esta obra se conoce a través de tres manuscritos conservados en las bibliotecas nacionales de España, Gran Bretaña y Austria. Con respecto al componente propiamente cartográfico, hasta su descubrimiento reciente había sido dado por perdido. Fue descubierta en 2002 en la Biblioteca Nacional de Viena, por los investigadores Felipe Pereda y Fernado Marías. Pereda señaló al respecto que “este proyecto cartográfico corrige la apreciación de la ausencia de la ciencia española en el siglo de las luces. Es un capítulo nuevo de la ciencia de la cartografía española” (Samaniego, 2004:129).

La publicación de mapas y grandes colecciones cartográficas presenta una desigual distribución entre España y fundamentalmente Holanda. En parte porque la corona española controlaba la circulación y edición de aquello que consideraba documentos de estado.

El Atlas de Teixeria descubierto en la Hofbibliothek de Viena ha visto la luz junto a otras “cartografías perdidas” como Piante d’Estremadura e di Catalogna de Lorenzo Possi (1687) y Plantas de diferentes Plazas de España, Italia, Flandes y las Indias (1650-1655) de Leonardo Ferrari. La obra de Ferrari estaba compuesta por 133 imágenes de plazas, fuertes, vistas de enclaves, asedios y batallas que representaban las fronteras terrestres y marítimas del imperio español de Felipe IV. Fue un proyecto de don Gaspar de Haro y Guzmán, marqués de Heliche y del Carpio, concebido en principio para el uso y disfrute personal. Permaneció inédito hasta su muerte, acaecida en 1687, tras la cual fue adquirido por el diplomático sueco Juan Gabriel Sparwenfeld, que lo trasladó a Suecia, donde ha permanecido custodiado por varios siglos, primero en la Biblioteca Real y más tarde en el Archivo Militar de la ciudad de Estocolmo, el Krigsarkivet, donde fue localizada por las investigadoras María Rocío Sánchez Rubio, Carlos Sánchez Rubio e Isabel Testón Núñez (2004).

Izquieda: Figura 7. Pedro de Texeira. Vista de La Coruña.  Descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos, 1634.

Derecha. Figura 8: Pedro de Texeira. Vista de Carategena.  Descripción de España y de las costas y puertos de sus reinos, 1634.

El Atlas de Possi se conserva en la Biblioteca del Museo Galileo de Historia de la Ciencia de la ciudad de Florencia, ya que Possi lo dedicó a Ferdinando de Medici. Otro ejemplar perdido es el de Vista de las Yslas del Reyno de la Gran Canaria hecha por Don Yñigo de Briçuela Hurbina (1636), obra conocida y citada desde el siglo XVIII, y que a pesar de ello había permanecido perdida hasta que su manuscrito fue localizado en 1997 entre los fondos de la Lenox Library New York y publicado en el 2000. Otro ejemplar recuperado en la Biblioteca Nacional de Madrid, es la Descripción de las costas de Portugal desde Galicia a Ayamonte, que en 1641 el almirante António Da Cunha Andrada dirigió al conde-duque de Olivares (Valladares y Sánchez Martínez, 2012). Como señalan en su estudio Testón y Rubio, la aparición de estos ejemplares perdidos comienza a desmentir la idea aceptada de la falta de mapas y planos en la Península Ibérica durante el siglo XVII (Testón Nuñez et al, 2015:75). Esta ausencia se atribuyó en parte a la política de secretismo imperante en ese período pero también podemos señalar el hecho de que las posibilidades de edición en España eran reducidas en comparación con los centros más activos y prolíficos como Italia, los Países Bajos y más tarde Francia. Esto no quiere decir que los reyes españoles no comprendieran la importancia de los mapas ya que justamente fue la cartografía utilitaria la que dominó la política como instrumento de poder. Estos hallazgos de documentos perdidos dan cuenta de la existencia de un circuito de atlas y obras destinadas al uso personal y colecciones privadas. Si bien la Monarquía fomentaba una cartografía oficial sometida al control del gobierno, la mayoría de los cartógrafos y pintores que los realizaban eran italianos o portugueses (Testón Nuñez et al, 2015:78). La organización de la formación de cartógrafos e ingenieros militares fue una política del siglo XVIII, lo que explica esta situación durante el reinado de los Austrias.

La monarquía española estableció una política de gobierno que combinaba la antigua tradición de representación genealógica – de la que los retratos del monarca son el mas acabado ejemplo – junto a una nueva forma de representación territorial. Para Peer Schmidt la existencia de los territorios americanos fue la que habilitó la discusión sobre el derecho o no de España a asumir la Monarquía Universal (2012). Al poseer tierras en un lugar desconocido de lo que se entendía como mundo hasta ese momento, Felipe II pudo plantearse la asunción de la dignidad imperial. Este hecho dio origen a una campaña antiespañola entre los países del norte, que encontró en la circulación de grabados, pasquines, folletos y mapas un aliado sin par para construir las bases de la leyenda negra. América se convirtió en el territorio que compartía el destino de infortunio con Europa, bajo el yugo español. La cartografía tuvo un papel sin precedentes en ese proceso de expansión territorial en el que las potencias se disputaron rutas marítimas y territorios así como el imaginario sobre América. Esta nueva estrategia de figuración del poder combinó la imagen monárquica como sucesión de retratos (cuerpos) del monarca con la representación del territorio como figuración del Imperio. Dos modos de ejercicio del poder que tuvieron impacto muy dispar en los territorios americanos. Una ruptura de carácter epistemológico donde el factor tecnológico (la capacidad de producción y reproducción de imágenes) y político (nueva forma de auto-representación simbólica) se hacen inseparables (Pereda et al, 2004:130). Se opera una transición hacia un sistema mixto de figuración del poder, donde comprendemos el papel central que la cartografía adquirió no solamente como herramienta de gobierno sino como nueva subjetividad.

En las galerías de retratos del Salón dorado del Alcázar madrileño de Felipe II los retratos de reyes y escenas de grandes batallas se combinaban con los escudos de los reinos y las vistas de ciudades (Pereda, 2004:130). Para Pereda y Marías este cambio de paradigma no sólo se dejó sentir en el ámbito de la corte sino de forma más intensa en el campo de la ciencia y la edición gráfica. Códices, estampas y libros al servicio de la Monarquía se resguardaban en espacios administrativos o el propio despacho privado del monarca. Es el caso de los trabajos de Anton van den Wyngaerde (1512-1525) (10) (Fig. 9) que con un impulso minucioso conjugaba perfiles y vistas a vuelo de pájaro de las ciudades (11). Las vistas de van den Wyngaerde ofrecían la posibilidad de poseer visualmente las principales ciudades del reino destacándose el impulso descriptivo y detallista. Su formación como artista dentro de la tradición de las pinturas de campos de batalla le permitía combinar el uso de los instrumentos de la representación topográfica con un estilo narrativo. Las vistas a vuelo de pájaro y perfiles estaban animadas por la búsqueda de producción de una experiencia óptica para el espectador que antecede a la experiencia de los panoramas del siglo XIX. No eran meros registros cartográficos o topográficos sino nuevos artefactos de una cultura visual que se volvía panorámica e individual. A la par que este artista realizaba vistas de ciudades, se encargó un mapa de España al matemático Maestro Pedro de Esquivel, profesor de la Universidad de Alacalá de Henares quien utilizó instrumentos de medición y el método de triangulación ideado por Regiomantano, determinando con el astrolabio los lugares principales que Ptolomeo dejó entendidos por el orden común de sus tablas (Pereda et al, 1997:130).

Según señala Ambrosio de Morales, Felipe II encargó a Esquivel que “Anduviese todos los reynos, mirando por vista de ojos todos los lugares, rios y montañas grandes y chicos, porque pudiese hacer la descripcion de España tan cierta y tan cumplida, tan particular y exquisita como su Magestad la deseaba, y el Maestro Esquivel podia hacerla” (12). Morales indica el procedimiento a partir del cual Esquivel asentaba los lugares en “la carta o pintura” “quadrando un papel y graduándolo por los lados con su longitud y latitud” (13). La obra de Teixeira planteaba una novedad respecto a las obras anteriores ya que unía la representación cartográfica de la Península Ibérica con imágenes corográficas y los materiales visuales con información topográfica, económica, política y social. Al Atlas lo enmarcan un mapa general de España y un mapa-mundi. Para Pereda y Marías esta colección cartográfica no solo se vincula con una entidad política sino que pone en evidencia el carácter transcontinental de esa entidad política que era la Monarquía Hispánica. Una monarquía que solo podía encontrar su dimensión verdadera en la representación del globo (Pereda, 2004: 136). Esta obra encarna el proceso de transformación cultural y política de la globalidad territorial española del siglo XVII. La visión del Rey Planeta se convirtió en una visión política del territorio, en la figuración de un estado cuyos límites no podían distinguirse.  Mapas, planos y vistas determinaban la proyección y precisión, cantidad y calidad de la información de modo diverso. Estas imágenes no deben ser  consideradas como representaciones, documentos o evidencias historiográficas, sino como verdaderos actos de imagen [Bildakt], en el sentido propuesto por Horst Bredekamp (2015),  que se convirtieron en estrategias visuales de la política colonial.

Figura 9: Antoon Van Den Wijngaerde. Dibujo de una vista general de Alcalá de Henares. 1565. Dimensiones: 42,33 cm por 16,83 cm. La acuarela original está en la Biblioteca Nacional de Austria.

El Atlas como instrumento estratégico en virtud de la riqueza de su información no se agotó en la mirada del Rey. El Marqués de Leganés, don Diego Mejía, capitán general de caballería en Flandes se hizo diseñar una versión de bolsillo de algunos de los mapas de las costas del norte de España (Pereda et al, 2004:27). La posibilidad de observar el territorio desde su despacho daba acceso al Rey a una mirada política “desde arriba”, la de un nuevo modelo de Estado basado en una disputa óptica. Estas imágenes incluían las vistas de pueblos carentes de referentes monumentales y arquitectónicos, sin una tradición de autorrepresentación. La figuración del Estado era la figuración de su territorio como un cuerpo y bastión que debía ser preservado. La ingeniería militar asumió un papel claro junto a la cartografía como saberes fundamentales para la defensa del imperio. Las plantas fundacionales de las ciudades fueron consideradas documentos de suma importancia. Felipe II guardaba con estricto celo planos militares como los de Giovanni Battista Antonelli o las Descripciones geográficas e hydrográficas de muchas tierras y mares del norte y sur en las Indias (1632) de Nicolás de Cardona (Fig.10). Espionaje y corrupción fueron moneda corriente en lo que se refiere a mapas. Texeira por ejemplo, era corsario, espía, ingeniero militar y cartógrafo. Perfiles que muestran la intrincada red de producción de imágenes cartográficas y militares como una práctica ultra secreta de estado. 

Figura 10. Nicolás de Cardona. Isla de San Vicente. Piraguas caribes (C) atacan por sorpresa a dos barcas españolas (B) con las que habían acordado comerciar. Página 33 de las Descripciones geográphicas e hydrográphicas de muchas tierras y mares del Norte y Sur en las Indias, en especial del descubrimiento del Reino de la California redactadas por el capitán Nicolás de Cardona tras su expedición de 1614. 24 de Junio de 1632. Biblioteca Digital de España.

Figura 11: Planisferio de Cantino (1502) Biblioteca Estense Universitaria, Modena, Italy.

Otro ejemplo es el del planisferio de Cantino (1502), en realidad un portulano, que recopilaba todos los descubrimientos portugueses y españoles y que no debe su nombre al autor sino al espía italiano que logró sacarlo del país para entregarlo al duque de Ferrara (fig.11). Fernando de Magallanes se exilió a España llevando información reservada sobre un estrecho navegable en el extremos sur de las Indias (Nuñez de las Cuevas, 2012:588). En 1511 el rey Fernando dispuso que los mapas y papeles anexos de la Casa de Contratación fueran guardados en un arca con tres llaves. Una ordenanza de 1515 prohibía dar carta alguna referente a las Indias si no era bajo estricta autorización de la Casa. Los mapas eran un bien preciado, razón por la cual, la cartografía fue una práctica común entre los países rivales de la corona española como Inglaterra, Francia y Holanda (14).

Marineros y militares, científicos y viajeros llevaron a cabo gran número de expediciones, como René de Laudonnière en 1564, Francis Drake en la década de 1580 y lord Grenville en 1585. Durante la segunda mitad del siglo XVI, se publicaron en Europa grandes colecciones de relatos de viajes. Entre 1590 y 1634, la imprenta de Teodoro de Bry publicó en Frankfurt una serie de relatos de viajes que hoy se conoce como Grandes y pequeños viajes. El segundo volumen de Grandes viajes apareció en 1591 y estaba dedicado a Florida. Además de los relatos de los exploradores Jean Ribault y René Goulaine de Laudonnière, contenía una serie de 42 grabados, que estaban basados en los dibujos y las acuarelas que hizo, en el lugar, Jacques Le Moyne de Morgues (1533-1588). En 1564, De Morgues acompañó a Laudonnière a Florida (en la expedición que dio origen al libro L’histoire notable de la Floride située ès Indes Occidentales: contenant les trois voyages faits en icelle par certains capitaines et pilotes français) y escapó así de la masacre de colonos franceses que una armada española perpetró al año siguiente (15). Teodoro De Bry también editó las famosas y dramáticas imágenes de Buenos Aires fruto de la expedición al Río de la Plata de Pedro de Mendoza. Al igual que en el resto de territorios americanos, los grabados transmitían la tangible hostilidad de Holanda y Alemania hacia España, al describir la realidad americana con escenas de violencia extrema, canibalismo y desolación. El éxito de estas imágenes se ve reflejado en el libro Las Indias Orientales y Occidentales de Joris van Spilbergen (1619), un capitán de un barco pirata que luchó contra los españoles y cuyo relato alcanzó un importante éxito editorial (Fig. 12). Otro ejemplo es el atlas marítimo empezado por Willem Blaeu y terminado por Johannes Vingboons (16), así como el Atlas del Nuevo Mundo terminado por Arnoldus Montanus en 1671 con el título Die nieuwe en obekende weerlde (17) (Fig.13).

Figura 11.Las Indias Orientales y Occidentales de Joris van Spilbergen. Combate entre españoles y holandeses. D. casas incendiadas. E. Escaramuzas entre españoles y holandeses

Figura 13: De Nieuwe en Onbekende Weereld, Arnoldus Montanus, Amsterdam, J. Meurs, 1671.Detalle de la página 555 con un mapa de la región del Río de la Plata.

Las imágenes holandesas tenían alta demanda, especialmente por parte de comerciantes y capitanes de barcos ingleses que buscaban cartas de navegación, perfiles costeros de América del Sur, vistas topográficas e información sobre ciudades y territorios. A finales del siglo XVII William Hack publicó diversos trabajos (18) como el conocido The Great Waggoner of the South Seas y la Hydrographia de Philip Lea que apareció en Londres hacia 1700, precursor de otras publicaciones destinadas a fomentar los intereses comerciales ingleses. Como sugiere Pinzón Rios, los trabajos de Hack muestran los avances ingleses por el Mar del Sur a la vez que forman parte de la transformación cartográfica que se gestó en Inglaterra. Debido a las crecientes navegaciones inglesas se hizo necesario depender menos de los mapas holandeses y elaborar una cartografía propia que respondiera a las necesidades de las nuevas exploraciones. Estos cambios fueron producidos a partir de las informaciones de los navegantes (Pinzón Ríos, 2018:95). Por su parte, los franceses llevaron a cabo varias expediciones científicas, como la de Père Louis Feuillée (Journal des observations physiques, mathématiques et botaniques en 1714), Amadée François Frézier (1710) y Charles-Marie de la Condamine (1735) para efectuar medidas de la longitud del meridiano y al que acompañaron Antonio de Ulloa y Jorge Juan y Santacilia, dos científicos españoles impuestos por Felipe V como condición para autorizar la expedición.

Estos últimos redactaron varias obras resumiendo los resultados de sus experiencias: Observaciones astronómicas y físicas hechas en los reinos del Perú (1748), Relación histórica del viaje a la América Meridional (1748, con información sobre la economía, los habitantes y las costumbres de los territorios visitados y, especialmente, las Noticias secretas de América (1747), un informe para el gobierno, de carácter reservado, con sus apreciaciones sobre temas de defensa, economía, situación de la población indígena. Estas expediciones muestran una transición entre los mapas celosamente guardados por Felipe II y los permisos otorgados por Felipe V para realizar una expedición como la de La Condamine. Un punto de inflexión entre la política del secretismo y la del apoyo a la ciencia, tal como lo atestiguan el permiso dado a Tomás López para publicar su Atlas geográfico de la América Septentrional y Meridional (Madrid, 1758). La edición jugó un papel importante en el escenario de disputa entre las potencias europeas. El tipo de información que ofrecían los mapas españoles estuvo ligado a la necesidad de organización y orden que se buscaba sobre las colonias. La reorganización de la formación y tareas de los cosmógrafos e ingenieros militares bajo el gobierno borbónico, no modificó la producción y objetivos de estas imágenes cartográficas como documentos de gobierno, sino que buscó su sistematización y profesionalización. El modo en que estas imágenes impactaron en la cultura visual europea no puede dejar de señalar las diferencias regionales y el lugar que el continente americano tuvo en ese desarrollo político, científico, militar y comercial.

Notas

(1) Paolo Giovio, Dialogo de las empresas militares y amorosas / compuesto en lengua italiana por … Paulo Iouio …; en el qual se tracta de las deuisas, armas, motes o blasones de linages; con vn razonamiento … Ludouico Domeniqui; … traduzido … por Alonso de Vlloa; Añadimos … las empresas … de … Gabriel Symeon (por Gabriel Giulito de Ferraris, 1558), 169.

(2) Ibid, p. 169.

(3) Ibid. p. 169.

(4) Los cuestionarios fueron recopilados y publicados en Cuestionarios para la formación de las Relaciones Geográficas de las Indias Siglos XVI-XIX, Francisco de Solano y Pilar Ponce (Eds), Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Centro de Estudios Históricos, Departamento de Estudios de América, Madrid, 1988.

(5) Las 50 preguntas pueden consultarse en José Luis de Rojas. A cada uno lo suyo. El tributo indígena en la Nueva España en el siglo XVI. El Colegio de Michoacán, Zamora (Michoacán), 1993, pp. 117-124

(6) Esta obra se basó en el cuestionario de 1569, con 37 preguntas; el de 1570, con 200 y otro firmado por el Rey en San Lorenzo del Escorial el 3 de Junio de 1573 con el titulo de Ordenanzas para la formación del Libro de Descripción de Indias con 135 preguntas que se basaban en el cuestionario de 1570 y que buscaba un conocimiento exhaustivo para que López de Velasco pudiera incorporar es información en su Geografía, Carmen Manso Porto, «Los mapas de las Relaciones Geográficas de Indias de la Real Academia de Historia», Revista de Estudios Colombinos 8 (junio de 2012): 24.

(7) Sobre Muñoz y su obra puede consultarse Bas, Nicolás (2002): El cosmógrafo e historiador Juan Bautista Muñoz (1745-1799). Universitat de València, 188-193.

(8) Brendecke cita justamente una Real Cedula del 3 de Julio de 1573 (AGI, Indiferente General, 1,29, vols.5v-6r): “Para las personas a quienes tenemos cometida la gobernación de las Indias y cada provincia y parte de ellas puedan acertar a gobernar lo que es a su cargo, y cumplir con la obligación de sus oficios, es necesario que tengan entera noticia”.

(9)  El Atlas contiene 116 imágenes a todo color de mapas de la Península Ibérica, así como los escudos de sus reinos, provincias y señoríos. Estas vistas litorales del siglo XVII reparan en detalles como los salientes de tierra, los sistemas defensivos de las poblaciones costeras, acantilados, playas, cabos o golfos, y están tratados con gran precisión, para que quien los contemplara, pudiera interpretarlas de manera rápida y clara.

(10) Sobre la obra de Anton van den Wyngaerde véase Ciudades del Siglo de Oro. Las vistas españolas de Anton van den Wyngaerde (1986), Richard L. Kagan (de), Madrid.

(11 )La expresión “Bird’s View” aparece hacia 1707 en el prefacio de la edición inglesa Rules and Examples of Perpective proper for Painters and Architects de Andrea Pozzo, Londres, 1707, pag. 9. Felipe Pereda y Fernando Marías, «De la cartografía a la corografía: Pedro Texeira en la España del Seiscientos.», Ería 64-65 (2004): 131.

(12) Ambrosio de Morales, Las antigüedades de las ciudades de España… (Madrid: en la oficina de Don Benito Cano, 1792), 14.

(13) Ambrosio de Morales, Las antigüedades de las ciudades de España… (Madrid: en la oficina de Don Benito Cano, 1792), 14.

(14) Para el caso de Holanda e Inglaterra y las colonias del norte de América, véase por ejemplo el trabajo de Benjamin Schmidt, «Mapping an Empire: Cartographic and Colonial Rivalry in Seventeenth-Century Dutch and English North America», The William and Mary Quarterly 54, n.o 3 (1997): 549-78, https://doi.org/10.2307/2953839.

(15) Sus grabados son el único testimonio visual que sobrevive de una nación indígena que se ha extinguido, los nativos timucua de Florida, con quienes los franceses buscaban una alianza cuando intentaron asentarse. Hay una docena de dibujos dedicados a los países explorados por los franceses. Una segunda serie se ocupa de la guerra y de los ritos de los timucua, mientras que la última serie ilustra las costumbres y la organización de su sociedad. El libro de Laudonniere se puede consultar en línea, digitalizado por la Biblioteca Nacional de Francia: https://www.wdl.org/es/item/15533/view/1/1/, así como la narración de Le Moyen: https://www.wdl.org/es/item/15521/view/1/1/ (fecha de acceso 12/09/2018).

(16) Vingboons dibujaba mapas estratégicos y confidenciales para las Compañías Holandesas de las Indias Orientales (creada en 1602) y Occidentales (creada en 1621), en colaboración con su cartógrafo oficial, Johannes Blaeu. Cfr. Priscilla Connolly, «¿El mapa es la ciudad? Nuevas miradas a la Forma y Levantado de la Ciudad de México 1628 de Juan Gómez de Trasmonte», Investigaciones geográficas, México, n.o No66 (agosto de 2008): 118.

(17) La versión digitalizada del original se puede consultar en: https://archive.org/details/denieuweenonbeke00mont (fecha de acceso 12/09/2018).

(18) Por ejemplo, Hack, W. (1698). An Accurate Description of all the Harbours Rivers Ports Islands Sands Rocks and Dangens between the Mouth of California & the Straihts of Le Maire in the South Sea of AMERICA as allso of Peyps’s islands in the North Sea near to the Magellan Straghts. By Willam Hack Hydrographer. London, s/l [John CarterBrown Library Codex Z 6 / 3-SIZE]

 

 

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