Para los que rechazan la amnesia como método.
Colonialismo y museos.

por Silvina González

e-imagen Revista 2.0 | Año: 2019 | Número: 6

 

A mediados del siglo XX en París la editorial Réclame (vinculada al Partido Comunista Francés) publica Discurso sobre el colonialismo de Aimé Césaire. Césaire, intelectual y poeta martiniqués que realizó grandes aportes al pensamiento poscolonial y a la problematización de la “negritud”, en dicho texto arrojaba al mundo lo que quizás sea la definición más exacta de la “colonización”:

 

 ¿Qué es, en su principio, la colonización? Reconocer que esta no es evangelización, ni empresa filantrópica, ni voluntad de hacer retroceder las fronteras de la ignorancia, de la enfermedad, de la tiranía; ni expansión de Dios, ni extensión del Derecho; admitir de una vez por todas, sin voluntad de chistar por las consecuencias, que en la colonización el gesto decisivo  es el del aventurero y el del pirata, el del tendero a lo grande y el del armador, el del buscador de oro y el del comerciante, el del apetito y el de la fuerza, con la maléfica sombra proyectada desde atrás por una forma de civilización que en un momento de su historia se siente obligada, endógenamente, a extender la competencia de sus economías antagónicas a escala mundial. (Césaire, 1979)

 

Apenas unos años después, en la misma ciudad, Alain Resnais y Chris Marker estrenan su cortometraje ​ Les statues meurent aussi ​ , un film ensayo donde reflexionan sobre la mirada blanca que observa, interroga y estudia el arte negro. En dicho film, proponen los directores, el gesto occidental por excelencia es pretender que todo aquello que no pertenece a nuestro mundo nos hable. Ancestros ajenos, tiempos perdidos: no soportamos que esas otredades callen y les exigimos que nos digan algo sobre nosotros mismos.

Chris Marker, Alain Resnais. Les statues meurent aussi (1953)

Durante el Mayo Francés, en La Habana el gobierno revolucionario cubano organiza una mesa redonda sobre “Literatura y subdesarrollo”, en ella discuten David Viñas, Salvador Bueno y Edmundo Pérez Desnoes, entre otros. Allí Pérez Desnoes dice:

 

Estábamos fuera, casi a unos pasos de los cocineros y criados negros de la escuela. Descubrí que era un [inaudible], término peyorativo para despreciar a los latinoamericanos, a los morenos del continente, a los casi negros. Ahora sé que aunque parezca blanco, anglosajón y protestante, soy en realidad un negro sureño. Los latinoamericanos todos son negros, discriminados, oprimidos, rechazados, ignorados, extranjeros dentro de esa nueva etapa con pretensiones de universalidad: el estilo de vida norteamericano, el gran sueño blanco de Estados Unidos. (Gutiérrez Alea, T. (dir) 1968)

En los primeros años del siglo XXI en una sala del Museo Etnográfico “Juan B. Ambrosetti” se inaugura la exposición En el confín del mundo: conflicto entre culturas diferentes ​ que problematiza el impacto de la llegada de colonos europeos a la isla de Tierra del Fuego y  exhibe en paralelo piezas y artefactos de los pobladores nativos de Tierra del Fuego así como de los europeos que llegaron. Hace cinco años, en un foro virtual de fotografías eróticas, el usuario Aquastorm427 postea un fotomontaje en el que se ve un hombre negro con un sombrero, una camisa abierta que deja ver su cuerpo desnudo, una toalla colgada alrededor del cuello y un pene desproporcionadamente grande. Unos años más tarde sale al aire un episodio de ​ Atlanta, serie escrita, dirigida y protagonizada por Donald Glover que refleja las múltiples dimensiones del problema negro en la sociedad estadounidense contemporánea. El episodio “Juneteenth” nos muestra a los personajes protagónicos (Earn y Van, una pareja de jóvenes negros) que asisten a una celebración del 19 de junio, día en quese conmemora la abolición de la esclavitud en Estados Unidos. Los anfitriones son un hombre blanco y rico que tiene un fetiche con la cultura negra y su esposa negra.

 

Museo Etnográfico Juan B. Ambrosetti. Muestra En el confín del mundo. Las poblaciones indígenas y la ocupación europea de Tierra del Fuego en el siglo XIX.

Su casa está repleta de objetos africanos, souvenires, esculturas, ornamentos. El anfitrión le pregunta a Earn si ya estuvo en África, si alguna vez fue a conocer la tierra de sus ancestros. Ante la indiferencia del joven negro, que no reconoce en el continente africano los cimientos de su identidad, el hombre blanco se ofusca. En otro episodio uno de los personajes principales, Darius, visita la casa de un legendario pianista. Lo recibe un hombre que se hace llamar Teddy Perkins, un afroamericano que se ha blanqueado la piel y sometido a cirugías para emular los rasgos de un hombre blanco. Unos meses después, Donald Glover asiste a la entrega de los premios Emmy con un hombre caracterizado como Teddy Perkins, en un caso de “whiteface” (el reverso del “blackface”, la práctica en la cual personas blancas se “disfrazan” de personas negras pintando su piel, exagerando sus rasgos con maquillaje). En el 2017, quedan pocos celulares en Brasil que no hayan recibido una foto del “Negro de Whatsapp”. La imagen que Aquastorm427 había publicado en un foro gay ahora era una de las imágenes más viralizadas. En una celebración de carnaval en Pernambuco, dos hombres blancos se disfrazan del “Negro de Whatsapp” (conocido en portugués como “negão da piroca”)   son premiados en un concurso de disfraces.

También en el 2017 Jordan Peele dirige ​ Get Out, un thriller en el que una comunidad suburbana de blancos en el sur de Estados Unidos ha desarrollado una tecnología para trasplantar su conciencia a cuerpos jóvenes y así vivir más años. Los cuerpos jóvenes que escogen son de hombres y mujeres negras, convencidos de que la raza negra tiene superioridad biológica. ¿Qué tienen en común un ensayo de Césaire, una película de Marker y Resnais, un thriller, una sala de un museo etnográfico sudamericano, y un meme con una serie sobre raperos en la ciudad de Atlanta o las palabras de un intelectual cubano? Lo que tienen en común es que, de formas más o  menos deliberadas, hacen aparecer el síntoma de los blancos, de los conquistadores. Son objetos que se rebelan, espejos que interrumpen el curso normal de las cosas y devuelven un reflejo distorsionado, que revela más sobre la sombra de quien se mira que de sí mismo.

Marker y Resnais nombran el gran síntoma del colonizador: querer que todo le hable (a él, sobre él). El colonizador desposee (extrae capitales), destierra (transforma drásticamente la territorialidad para producir un extrañamiento entre los habitantes preexistentes y su  territorio, sobreescribe su mapa) y relocaliza y luego exige al desposeído, al desterrado y al relocalizado que vuelquen su mirada hacia él y le muestren aquello que no es, le enseñen algo de sí mismo. Si bien ellos denuncian este intento de romper el silencio de piezas y objetos que no pertenecen al hombre blanco, es en este forcejeo por el sentido que las piezas pueden atentar contra el amo. Alzarse y mantener el silencio como gesto subversivo. Marker y Resnais no son menos blancos que los piratas, misioneros, antropólogos, saqueadores que extraen el arte africano del territorio donde fue creado. Su mirada, como la de otros blancos, también anula la heterogeneidad. Desfilan ante nosotros objetos escultóricos, máscaras, cálices, de distintos períodos y producidos por distintas comunidades, todos los objetos están sin nombre, sin fecha, agrupados.

Arriba: imagen tomada de ​ Les Statues Meurent Aussi ​ (Marker, C.; Resnais, A. (dir.) 1953). Abajo: retrato de Donald Glover.

Lo único que distingue un objeto del otro es la fantasía que los directores proponen sobre cada uno. ¿Es una princesa llorando? ¿Es una banqueta? ¿Es parte de un ritual? ¿Qué sucedería si en un documental sobre “arte blanco” agrupáramos una obra de Boticelli, una calavera de Damien Hirst y una cafetera Volturno? ¿Sería eso un aporte a los estudios sobre “arte blanco”? ¿Una cafetera Volturno guarda el mismo silencio que un tambor Akan exhibido en el Museo Británico? La exhibición ​ En el confín del mundo nos propone una operación similar: obligar a objetos occidentales a hablar con la misma fuerza con la que se obliga a objetos exóticos. Convierte la cultura occidental en objeto de estudio, deformando una relación histórica de opresión que coloca a Occidente en la posición de sujeto de conocimiento y al resto del mundo en posición de objeto. La sala abre una rajadura en el hermetismo cultural de Occidente. La propuesta curatorial también nos pone a los visitantes en una situación singular: a la vez que observamos las piezas de los yámanas y las piezas de los europeos, no podemos evitar pensar que los artefactos de los que nos rodeamos, los objetos que nos acompañan en nuestra vida cotidiana son aquellos que están expuestos en las vitrinas de los invasores. ¿Cómo se exhibe la cultura en la cual uno se reconoce? ¿Qué nos distancia y qué nos acerca a los invasores? La pregunta que atormenta al visitante es cómo podemos construirnos vidas usando la vajilla del amo, las armas del amo, las categorías del amo. Al  exponer objetos de ese primer encuentro entre los yámanas y los europeos, la sala nos empuja a la dolorosa comprensión de que  fuimos invadidos pero nos creemos invasores.

En su film-ensayo Marker y Resnais también logran una inversión (parcial) de ese sometimiento sujeto-objeto. Creemos que  observamos piezas de arte negro y sin embargo, somos observados, interrogados e ignorados por piezas que creemos conocer. Todas las obras y prácticas mencionadas aquí en este escrito dan cuenta de esos momentos en que lo que observamos nos devuelve una  mirada muda pero también un reflejo deforme. Estas obras intentan (aún cuando no lo logran) hacer lo que Césaire llamaba una “apología sistemática de las sociedades destruidas por el imperialismo” (Césaire, 1979).

Bibliografía

Bibliografía

Césaire, A. (1979). ​ Discurso sobre el colonialismo . ​ México: UNAM, Coordinación de Humanidades, Centro de Estudios Latinoamericanos, Facultad de Filosofía y Letras, Unión de Universidades de América Latina.

Filmografía

Glover, D.; McGunigle, D.; Simms, P. (prod.) y Glover, D. (dir.). (2017) ​ Atlanta ​ [serie de televisión]. Estados Unidos: FX.

Gutiérrez Alea, T. (dir.). (1968) ​ Memorias del subdesarrollo ​ [largometraje]. Cuba: ​ Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC)

Marker, C.; Resnais, A.; Cloquet, G. (dir.) (1953) ​ Les statues meurent aussi ​ [cortometraje]. Francia: Présence Africaine & Tadié Cinéma Production

McKittrick, S. (prod.) y Peele, J. (dir.). (2017) ​ Get out ​ [largometraje]. Estados Unidos: Blumhouse Prod.

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