A la caza de la imagen del dinosaurio

Resumen

Siguiendo la vía abierta en Selfies purgatoriales. Notas sobre la fotografía espiritista en la era de la imagen digital, vamos a tratar de reflexionar brevemente sobre otra anécdota aparentemente absurda procedente del torrente de titulares y chascarrillos virales que circulan por los hipermedia. Todas estas notas disparatadas que invaden nuestros muros en facebook, estos sucesos de dudosa verosimilitud –y complicada verificación– que contagian las cuentas de medio mundo en twitter, hacen gala de una gran capacidad de replicación, pero también de una escasa longevidad. Suele primar un tratamiento superficial que determina un retuiteo masivo pero insustancial, estas historietas nacen y mueren en un abrir y cerrar de ojos, sin que prácticamente nadie se preocupe en contextualizarlas o en esbozar una posible lectura más reflexiva de las mismas. En e-imagen vamos a tratar de abordar periódicamente este tipo de noticias y materiales, porque creemos que –aunque solo sea como excusa– pueden sernos útiles para iluminar diferentes aspectos de nuestra relación con las imágenes en la contemporaneidad.

Artículo

Ander Gondra Aguirre

Fecha: 23/07/2014

Cómo citar este artículo:
Gondra Aguirre, Ander (2014) “A la caza de la imagen del dinosaurio”, e-imagen, Revista 2.0, Número1, Sans Soleil Ediciones, España-Argentina, ISSN 2362-4981

Fig. 1

A principios de julio, tras la polémica surgida en torno a las fotografías cinegéticas de la joven cheerleader estadounidense Kendall Jones1, un usuario de facebook llamado Jay Branscomb compartió esta instantánea del set de rodaje de Jurassic Park en 1993 acompañada de este caustico mensaje:

“Disgraceful photo of recreational hunter happily posing next to a Triceratops he just slaughtered. Please share so the world can name and shame this despicable man” (Fig. 1).

Al parecer, algunos internautas no captaron la ironía y tras ser compartida por más de 30.000 usuarios, la infecciosa imagen género en el muro de Jay Branscomb espontaneas reacciones de disgusto y enfado, junto a otras tantas respuestas que, siguiendo el tono del mensaje inicial, continuaron agrandando la bola de nieve, alimentando la credulidad de unos pocos.

Por increíble que parezca, hubo personas que realmente creyeron que Spielberg –o simplemente un ciudadano cualquiera, en el caso de que no reconociesen al célebre director– había abatido a un triceratops, ajenas a la extinción de este y de todos los dinosaurios hace aproximadamente 65 millones de años. Si interrumpimos por un momento nuestra valoración de la avergonzante respuesta de estos cándidos internautas, centrándonos simplemente en la fotografía, veremos que esta es en realidad un documento bastante sugestivo, reactivado –o reubicado– de manera imprevista en esta última vuelta de tuerca.

En la imagen, Spielberg posa ante un dinosaurio animatrónico ideado para parecer un triceratops moribundo, gracias a la oscilación de sus ojos por control remoto, el movimiento de sus patas y, sobre todo, el ritmo de la respiración en su vientre.

Sin embargo, la imagen detenida no da cuenta de estos recursos técnicos y la enorme marioneta robótica se transforma de inmediato en un cadáver. Un enorme despojo de factura muy realista, gracias a la labor de los distintos especialistas que participaron en su elaboración

Esta verosimilitud nos invita a establecer una comparativa con la taxidermia y sus objetivos. Como apunta Jane Desmond, la taxidermia está obsesionada con la autenticidad y la veracidad física y su evolución y desarrollo puede leerse como una sucesión de avances tec­nológicos que permiten aumentar el realismo. Obviamente, su ironía fundacional “es que la resurrección del animal no sólo depende de su muerte, sino también del desmembra­miento y la rearticulación completa de su cuerpo”. Tanto la taxidermia como la animatrónica buscan, cada una a su manera, una misma sensación de vivacidad, una imitación mimética del natural. Pero la fotografía del triceratops alcanzaba precisamente lo contrario: una aguda sensación mortuoria. Lo cual supone en realidad un éxito de los encargados de moldear y colorear la criatura, que, sin necesidad de emplear los recursos propios de esta técnica de animación, es capaz de parecer un verdadero animal muerto, y por ende vivo hace un instante.

La taxidermia emplea una serie de dispositivos y poses recurrentes que proporcionan una mayor sensación de dinamismo y naturalidad. Todos desean que el animal parezca vivo, no muerto o moribundo. La instantánea de Spielberg, en cambio, alude involuntariamente a una pose continuamente recreada, que fue la que genero el malentendido inicial: la fotografía de trofeos, el retrato habitual de los cazadores ante el cadáver de la presa que acaban de abatir. Estas fotografías de “trofeos” (la terminología propia, precisa y cargada de significados de la montería es un tema interesante) o junto a ellos, seguramente vehiculan o constituyen el fundamento inconsciente de algunos de los juicios más implacables contra la caza. Deberíamos preguntarnos ¿en qué mo­mento comienza a realizarse, y se normaliza, esta costumbre vigente (que no entiende de clases, que practica por igual el cazador rural más humilde y el rey de España2) de fotografiarse junto al cadáver del animal abatido? Ciertamente, el célebre director estadounidense parece un nerd más que un cazador, pero su actitud distendida apoyándose en la pata entronca con algunas de las conductas habituales apreciables en las fotografías de cazadores –sin duda le faltaría el arma a su lado–. Ante el trofeo abundan las sonrisas, las aspiraciones colmadas. En muchos casos, en apariencia, apenas queda rastro de esa conciencia ante la muerte de la que nos hablaba Ortega y Gasset.

Llegados a este punto, podemos afirmar que la escena resulta ciertamente verosímil y que, en mi caso particular, genera unas sensaciones ambivalentes: entre la repulsión y una cierta fascinación atrayente3. Este segundo efecto responde quizás al embrujo poliédrico de los dinosaurios, cuya imagen es y será siempre una imagen construida. “El dinosaurio “real” tan solo está disponible en sus huellas o restos (huesos, pisadas, heces), lo que un semiólogo llamaría “índices”, signos de causa y efecto o “conexiones existenciales”, y sus restauraciones imaginativas. Cuando vemos un dinosaurio, por tanto, estamos viendo una imagen construida con un nombre y una descripción asignados. Nunca vemos el dinosaurio “real”, solamente un artefacto, una construcción visual-verbal-táctil basada en sus restos y una serie de prototipos que utilizamos para dar sentido a esos restos”4.

La evolución de su imagen persigue, en la mayoría de los casos, una precisión cada vez mayor, pero inevitablemente, la gran brecha existente entre la criatura “real”, las trazas fragmentarias de las huellas y los restos fósiles, y la imagen final resultante, requieren un alto grado de implicación imaginativa. Nadie ha visto nunca a un dinosaurio, pero todo el mundo sabe cómo son. Como afirma Mitchell, nos son tan familiares que tendemos a olvidar las únicas trazas reales con las que contamos, olvidando que el resto –el color, el movimiento– son especulaciones basadas en una ingente acumulación de observaciones y debates. Los paleontólogos trabajan con evidencias muy escasas, con registros fósiles fragmentarios, lo cual choca con la superabundancia de imágenes a la que debe hacer frente quien pretenda estudiar la imagen de los dinosaurios en la cultura popular.

La evolución de las reproducciones e imágenes de dinosaurios han partido en la mayoría de los casos de una síntesis entre ciertos atributos y rasgos de especies animales existentes. Así, algunas de las esculturas de Benjamin Waterhouse Hawkins parecían una mezcla entre un rinoceronte y un lagarto, y la imagen del T-Rex parece en ocasiones desarrollar la teoría de Thomas Henry Huxley sobre como las aves evolucionaron de los dinosaurios, otorgándole al temido Tyrannosaurus un aspecto semejante al de una gallina gigante. (Fig. 2 y 3)

La verdad es que algunos retratos cinegéticos verdaderos resultan tan espectaculares como la fotografía de Spielberg, y en este sentido, una enorme ignorancia y una credulidad sin límites podrían justificar el enfado inicial de los internautas

La historia nos ha demostrado que el dinosaurio es una figura que resurge en distintos periodos históricos imbuida por valores diversos y cambiantes. Volviendo a la fotografía inicial, el éxito global de Jurassic Park supuso quizás el culmen de la fama y gloria de los dinosaurios, como recordó Stephen Jay Gould la película otorgaba a los paleontólogos “nuestra mayor oportunidad y nuestra pesadilla más opresiva: un estímulo para despertar un interés general sin precedentes en nuestra materia y una avalancha comercial que puede extinguir verdaderamente a los dinosaurios, convirtiéndolos de objeto de asombro en clichés y mercancías”5.

Spielberg fue el impulsor principal de esta proliferación masiva –que pronto resonara de nuevo con el estreno en 2015 de Jurassic World, cuarta entrega de la saga dirigida por Colin Trevorrow, con Spielberg al mando de la producción ejecutiva– que domesticó a estas grandes criaturas. Fue el doctor Frankenstein que provoco su resurrección comercialmente más exitosa y la lectura errada de la fotografía del set de rodaje nos permite asignarle también el papel de verdugo, de cazador –quizás– del ultimo triceratops, enlazando la eterna re-creación de estos iconos culturales sin parangón con uno de los elementos vertebrales de su seducción: su muerte y extinción.

“Me pregunto si no es precisamente esta desaparición radical y repentina de la estirpe dueña del mundo lo que vuelve tan atractivos, tan amables, tan misteriosos y comprensibles a nuestros viejos dinosaurios. Esa desaparición tan rápida, ¿no le sugiere nada? No pretendo ponerme moralista ni mucho menos didáctico, pero ¿no les parece que existe cierto parentesco moral entre nosotros y aquellas bestias descomunales? ¿No será una vocación propia de los dueños del mundo la de desaparecer, ¡bum!, en un par de semanas, a lo mucho en un mes? ¿No será que ser dueños del mundo hace daño?”6

El ser humano seguirá fascinado por los dinosaurios, planteando ensoñaciones sobre su regreso y teorías más precisas sobre su deceso. Con la nueva entrega de Jurassic Park los “dinosaurios comerciales” volverán a dominar el mercado, pero su reinado “será efímero porque no tienen otro apoyo que su inmediata rentabilidad”1. El libro de Mitchell sobre los dinosaurios plantea el juego de imaginar qué pensarían unos futuros visitantes del espacio sobre nuestra relación con estos “grandes lagartos”, postulándose como un primer volumen que compendia y explica nuestros extraños y contradictorios comportamientos, analizando imágenes y materiales de toda índole. Podemos terminar preguntándonos qué pensarían también estos futuros seres del espacio exterior de la fotografía a la que hemos dedicado estas notas, que ya en los albores de la hiperrealidad nos ha generado una valiosa reflexión en torno a la simulación y la veracidad.

Referencias

1.Una animadora de 19 años de la Universidad Tecnológica de Texas que colgó en su cuenta de Facebook una serie de fotos de animales que había asesinado a lo largo de los últimos años. Tras las miles de críticas recibidas, la compañía de Mark Zuckerberg decidió eliminar alguna de las imágenes porque violaban las políticas sobre las imágenes de los animales. La polémica coincidió en el tiempo con el auge y caída de Axelle Despiegelaere, una joven belga de 17 años captada por las cámaras de televisión durante la retransmisión del mundial de futbol de Brasil que fue contactada por la marca L’Oreal para contratarla como imagen de su última campaña. Días después aparecieron en las redes sociales varias fotos del perfil de Facebook de la jóven en las que aparecía practicando caza mayor en África, y como consecuencia, la empresa decidió romper el contrato que tenía con ella. Estos episodios nos recuerdan a otros casos recientes como el de la cantante Lucero o el de la presentadora estadounidense Melissa Bachmann.

2. Véase Grupo de Investigación Irudi, Cuando despertó, el elefante todavía estaba ahí. La imagen del Rey en la Cultura Visual 2.0 (Barcelona: Sans Soleil, 2014).

3. Su capacidad mimética parece dotar a la figura de una presencia verdaderamente poderosa. Como apuntan los técnicos del equipo de creación de las criaturas animátronicas, los actores quedaron sorprendidos al ver el realismo de las figuras y esto ayudo a mejorar su interpretación; realmente parecía que estuvieran ayudando a un ser vivo. Esta potencia aurática está en juego también en los museos, donde la mayor parte de restos paleontológicos son reproducciones o réplicas que sólo un experto podría llegar a diferenciar. Pero, como recuerda Stephen Jay Gould “un molde de la piedra Rosetta es yeso (por muy intrigante e informativo que sea), mientras que el objeto, en exposición en el British Museum, es mágico. Un tyrannosaurus de fibra de vidrio merece ser visto detenidamente; los huesos reales me provocan escalofríos en la espina dorsal cuando pienso en el animal que los llevó hace unos 70 millones de años”.

4. W.J.T. Mitchell, The last dinosaur book (Chicago: University of Chicago Press, 1998), p.52.

5. Stephen Jay Gould, “Dinomania” en The New York Review of Books (12 Agosto 1993).

6. Giorgio Manganelli, El homenaje a los dinosaurios (1994). http://www.letraslibres.com/revista/la-vuelta-de-los-dias/el-homenaje-los-dinosaurios. 

7. Stephen Jay Gould, “Dinomania” en The New York Review of Books (12 Agosto 1993).

Bibliografía

Desmond, Jane
“Displaying death, animating life: changing fictions of “liveness” from taxidermy to animatronics, en Representing animals (ed.) Nigel Rothfels, Indiana: Indiana University Press, 2002.

Gould, Stephen Jay
“Dinomania” en The New York Review of Books (12 Agosto 1993).

Gondra Aguirre, Ander; G. De Angelis, Marina; López de Munain, Gorka; Vives-Ferrándiz Sánchez, Luis.
Cuando despertó, el elefante todavía estaba ahí. La imagen del Rey en la Cultura Visual 2.0. Barcelona: Sans Soleil, 2014.

Mitchell, W.J.T.
The last dinosaur book. Chicago: University of Chicago Press, 1998.

 

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