Abriendo a la derecha.
Un ensayo visual sobre el Mundial de Rusia 2018

por Maite Martínez Romagosa y Greta Winckler

e-imagen Revista 2.0 | Año: 2018 | Número: 5

El 14 de junio comenzó el Mundial de Fútbol, llevado a cabo este año en Rusia. La selección argentina clasificó y la reacción popular se dividió en dos: por un lado, la alegría ante la participación del equipo como país futbolero; por otro, el hecho de sentir que una victoria sería capitalizada políticamente por el actual gobierno nacional que lleva adelante un modelo neoliberal de gestión.

Ante esta disyuntiva, el presente ensayo visual se pregunta por una manera de mirar este mundial, siendo consciente de la utilización que fundamentalmente el presidente de la nación, Mauricio Macri, hace del deporte, aún discursivamente: en reuniones internacionales, el mandatario no duda en incluir el discurso deportivo, en un movimiento de marketinización de la palabra pública.

Abriendo a la derecha

¿Cómo mirar estos partidos sin desatender la realidad social? ¿Cómo pensar en un partido ante Islandia, Croacia o Nigeria, mientras el país se vuelve a endeudar con un crédito del FMI? Georges Didi-Huberman propone que para saber hay que tomar posición. Pues bien, para mirar estos partidos hay que tomar posición también.

El equipo de Jorge Sampaoli no puede mirarse sin prestarle atención al autodefinido “mejor equipo de los últimos 50 años”. Mirar como una necesidad de prevenir la amnesia, la in-visibilidad, que tiene genealogía y arraigo en el Mundial de 1978 que utilizara la Dictadura argentina (1976-1983) como campaña para cubrir los crímenes de lesa humanidad que se estaban cometiendo.

Para realizar este ensayo, se tomaron fotografías obtenidas de diarios y de portales web, así como titulares de noticias, que fueron montados con frases del relato futbolístico televisivo de los partidos que jugó Argentina en la ronda de eliminación (TV Pública argentina). Como propone Philippe-Alain Michaud al pensar los paneles de Aby Warburg de principios de siglo XX, el montaje se entiende a partir de sus tensiones y anacronismos. No estamos simplemente encadenando imágenes y frases: se trata de una colisión. Y es a partir de ella que podemos hacer emerger un sentido crítico, como hizo en su momento no sólo Aby Warburg sino Bertolt Brecht en su Kriegsfibel contra la guerra. Miramos el partido a través de un caleidoscopio que re-dispone imágenes de circulación pública y masiva; en definitiva, se busca dislocar las formas para dislocar así el pensamiento.

La pelota se mancha

Hubo una Selección insegura que ni siquiera logró estabilidad con esa definición cautivante de Agüero […] El máximo paradigma de la fragilidad es que sólo pudo aguantar cuatro minutos el 1-0.”

¡Es para llorar, perdóneme!

 

Una noche para el olvido aunque sea difícil de olvidar porque fue una pesadilla”

Todo comenzó con un blooper

No se tomó la decisión de salir hacia adelante”

Estoy haciendo lo mínimo mínimo posible”

El mejor equipo

Muchos errores, muchos jugadores desaparecidos, un guión que no está claro. Mucha confusión”

No encontramos el mejor equipo para que acompañe a Messi”

Lo importante es no perder

Preguntale si me está cargando”

Profanaciones

“Los juegos televisivos de masas forman parte de una nueva liturgia, secularizan una intención inconscientemente religiosa. Restituir el juego a su vocación puramente profana es una tarea política.” Con estas palabras de Giorgio Agamben nos preguntamos entonces cómo restituirnos este mundial, esto es, restituirlo al uso común, uno que Cambiemos no pueda monopolizar, como intentó hacer con palabras tan caras a los pueblos que luchan (“revolución”, “alegría”).

Agamben propone una nueva manera de pensar la profanación: si la religión es lo que mantiene separado a los dioses de los hombres [desechando la clásica etimología de religare, que significa unión: el filósofo nos devuelve la grieta], profanar es ignorar la separación, pero no aboliéndola; profanar es aprender de esta separación para jugar con ella.

La única manera de mirar este Mundial es, por lo tanto, profanándolo.

El gobierno actual argentino, por medio de un discurso de unión que subraya una y otra vez la polarización, querrá imponer su lectura de los triunfos del seleccionado: la meritocracia (la “messitocracia”), el “juntos podemos”, ante una sociedad que enfrenta con el cuerpo, en la calle, las medidas que desguazan la soberanía nacional. Es la misión, entonces, rescatar esa separación de la política oportunista del “mejor equipo” y el genuino sentimiento ante un gol celeste y blanco, no renegando del Mundial, sino subvirtiéndolo. Restituir el fútbol al fervor inalienable, recuperar la fiesta arrebatada de un pueblo que habita hoy un país en retroceso: un país abierto a la derecha. Restituir el fútbol a nosotros mismos.

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