Resumen

Avance de la introducción del nuevo libro de Gracia García Arte Outsider. La pulsión creativa al desnudo.

Existe una pulsión irrefrenable en el ser humano que le empuja a expresarse más allá de la escasez de medios, la falta de formación artística o las circunstancias adversas. Esa necesidad, nacida de la urgencia y las pulsiones más primarias, es especialmente rastreable en el arte realizado por personas diagnosticadas con enfermedades mentales, excluidas de la sociedad o que viven al margen de las convenciones. Es en ellos precisamente en quienes mejor se manifiesta la fuerza y autenticidad del arte outsider, la necesidad de expresión que nos arrastra a los límites del impulso creativo y que nos acerca al origen del misterio del hecho artístico.

En un momento de creciente sensibilidad ante las manifestaciones del arte outsider y ante un panorama bibliográfico escaso, Graciela García nos ofrece un completo recorrido por los procesos creativos de estos artistas que desarrollan su obra al margen de los circuitos académicos, museísticos y comerciales del arte convencional, destacando las convergencias existentes entre ellos y categorizando los lugares comunes que son habituales en este tipo de creaciones. La repetición, lo mediúmnico, la fusión entre escritura y plástica, el reciclaje y la creación de microuniversos son algunos de los grandes hitos que marcarán este viaje a través de lo más profundo del impulso creativo humano. Ningún otro lugar más apropiado para observarlo que aquí, desnudo, en el arte más puro de intenciones, el arte outsider.

Adelanto editorial

Graciela García – Arte Outsider. La pulsión creativa al desnudo (Barcelona: Sans Soleil Ediciones, 2015).

Páginas: 334
Precio: 26€
ISBN: 978-84-942922-2-4
Fecha publicación: principios de febrero.
Colección: Wunderkammer.

Fecha: 29/01/2015

“No vemos jamás las cosas tal cual son, las vemos tal cual somos”. Abrir el libro con esta cita de Anaïs Nin supone una forma de conciliación con la sombra que ha planeado sobre este proyecto durante su desarrollo. Esa sombra me advertía que una iniciativa así no puede ser sino subjetiva y aventurada en lo que en ella hay de interpretación de los procesos creativos de otras personas a las que, además, se tiende a ubicar al otro lado de una línea imaginaria.

El segundo problema, derivado de éste, plantea cómo hablar de algo que no existe por sí mismo, sino a través de la mirada de quien se sitúa al otro lado. ¿Qué es un artista outsider? ¿Tiene sentido hablar de sus procesos creativos? Así que uno de los objetivos sería averiguar si tiene sentido hablar de arte outsider empleando este término o cualquiera similar (arte bruto, arte marginal, etc).

Tras estas reflexiones decidí seguir adelante partiendo de las siguientes premisas:

  • El arte outsider (o marginal) existe porque es un término útil que sirve para referirnos a las creaciones surgidas al margen de las academias y el mercado del Arte, frecuentemente en contextos de marginalidad. Sus protagonistas son adultos sin formación artística en quienes se manifiesta de manera imperiosa, y a menudo repentina, la necesidad irrefrenable de crear o “dar forma”; necesidad que el crítico de arte Ángel González (2007, p. 21) denomina Gestaltung y que toma de uno de los primeros estudiosos del tema, el psiquiatra e historiador Hans Prinzhorn. La historia del arte outsider comenzó cuando los psiquiatras primero, y los artistas después, se fijaron en el arte realizado por enfermos mentales. Por esta razón, buena parte de los creadores que citaré están vinculados a la locura.
  • Tiene sentido estudiar los procesos creativos de artistas outsider. No se trata de derivar unas características exclusivas que lo desmarquen de otros procesos creativos; se trata de encontrar las dinámicas que se repiten o que se revelan con más fuerza en el conjunto de los procesos observados. Aunque los individuos tengan psicologías y circunstancias de vida muy diferentes, sienten el arte como una necesidad vital. Esto, sumado a un encuentro con la creatividad sin formación previa, les lleva a desarrollar caminos que coinciden en algunos puntos. No significa que sean caminos diferentes a los de otros artistas, sino que se nos presentan desnudos, con una insistencia que nos captura y nos hace sospechar que estamos en un campo fértil para comprender los procesos creativos en general.

Esto último conecta con el más pretencioso de los móviles de esta aventura: comprender qué se encuentra en la relación esencial del ser humano con el arte y, para ello, nada mejor que observarlo en su reducto idealmente más puro de intenciones, en el arte que no conoce su nombre, el arte outsider. La mayoría de las fuentes con que contamos provienen de EEUU, Francia, Italia e Inglaterra. También existen iniciativas pujantes en América Latina donde se cuenta con varios museos y fundaciones. La historia del arte outsider se está escribiendo en estos momentos y adolece de los mismos problemas que cualquier enfoque historicista: ¿qué ocurre, por ejemplo, con el arte hecho en psiquiátricos africanos? En España, sin ir más lejos, sólo ahora se está empezando a reunir y dar contexto a ejemplos de nuestro país, siendo casi todos los que conocemos de otros lugares de Europa y de Estados Unidos. Se está confeccionando un mapa y España comienza a mostrar interés en participar. El Círculo de Bellas Artes, la Fundación La Caixa, el Reina Sofía, el MACBA, la Universidad de Valencia, La Casa Encendida, el Ca’n Palauet… están acogiendo exposiciones y organizando debates sobre estos temas. Es necesario destacar también la importante labor de iniciativas como la del colectivo “Debajo del sombrero” que aportan el espacio, las herramientas y el apoyo necesario para que personas que de otra manera no explorarían su potencial creativo puedan desarrollar una trayectoria como artistas. Otros espacios en los que se incentiva la creación artística son: la Casa de Arte Bruto Creaturas, el Taller de arte de Zubietxe, el Susoespai o el Museu de Sant Boi de Llobregat. En nuestro país se han realizado trabajos de investigación exhaustivos y completos1 que tratan, principalmente, el arte creado por enfermos mentales, a menudo vinculados al desarrollo de la arteterapia o a la educación. Resulta imprescindible la tesis de Ana Hernández Merino sobre “pintura psicopatológica” así como la exposición comisariada por ella: Pinacoteca Psiquiátrica en España, 1917-1990, que nos permitió acceder a las colecciones de arte de psiquiatras españoles que salvaron del olvido algunas de las creaciones que se desarrollaron en algunos psiquiátricos de nuestro país.

Algunos artistas contemporáneos encuentran un punto de luz en estas manifestaciones. Buscan algo así como la esencia del arte en la pureza de intenciones de las creaciones “inevitables”. El aumento del interés por el arte outsider, la propia creación del término y, en ocasiones, su exasperación son un síntoma del estado del Arte2. Félix de Azúa (2009) dató el fin del Arte en 1972, con motivo de la 5ª Bienal de Kassel, diciendo que “el Arte ha durado 30000 años. No está mal”. En este contexto volvemos la cara hacia otras creatividades (con minúscula) para recordarnos lo que somos, homos aestheticus, y que poseemos una maravillosa capacidad de reinvención.

Decir que el arte ha muerto es dar demasiada importancia a la novedad, pero la búsqueda de lo nuevo como requisito principal del arte es una tendencia que viene siendo demasiado larga. “Toda innovación es un arcaísmo”, decía Xul Solar. La actual inclinación neorromántica y posmoderna que nos conduce a mirar otro arte puede hacernos sucumbir en nuestra propia ansiedad. Así lo advierte Lyle Rexer (2005, p. 149), uno de los más interesantes estudiosos del arte outsider, al tiempo acólito y escéptico: “El descrédito de nuestro sistema científico nos ha hecho crédulos”. Hablar de estas creaciones en los términos de Dubuffet resulta efectivamente ingenuo: sabemos que casi ninguna de estas personas se encuentra en una burbuja al margen de toda influencia cultural y artística, como sostenía este autor:

Por este término [art brut] entendemos las obras producidas por personas que no han sido dañadas por la cultura artística, en las cuales el mimetismo desempeña un papel escaso o nulo… Estos artistas derivan todo: temas, elección de los materiales, medios de transposición, ritmos, estilos de escritura, etc., de sus propias profundidades y no de las convenciones propias del arte clásico o de la moda. En estos artistas asistimos a una operación artística por completo pura, sin refinar, en bruto y totalmente reinventada en cada una de sus fases a través de los únicos medios que son los impulsos propios de los artistas. Es, por tanto, un arte que manifiesta una inventiva sin parangón. (Dubuffet, Jean, 1949, L’Art Brut préféré aux arts culturels apud Rhodes, tomado de: Dubuffet, 2002, p. 24)

“No vemos jamás las cosas tal cual son, las vemos tal cual somos”. La frase de Anaïs Nin también me da pie a incidir en una de las características de estas manifestaciones artísticas: están realizadas por personas que cuestionan las cosas tal cual son. Rechazan consciente o inconscientemente los estándares culturales a favor de un criterio propio. Sus obras transmiten una forma particular de ver el mundo y relacionarse con él. Son procesos holísticos, expansivos, que suelen imponerse en la vida del autor hasta confundirse con ella, invadir su hogar o hacerle cambiar su rol social. Nos encontramos por tanto ante un conjunto de creaciones que a menudo trascienden los límites de las obras plásticas.

Averiguar cómo son estos procesos creativos supone adentrarnos en la motivación de los creadores, en sus rituales, en su relación con el material y con el resultado de su trabajo. Los procesos son entendidos como un desarrollo en el tiempo: el antes, el durante y el después; pero también pueden entenderse como estados deseables y facilitadores donde la noción temporal se desdibuja (estado de trance, estado de flujo…). Al igual que los coleccionistas del siglo XVI estaban fascinados con el tipo de convergencias y correspondencias entre los objetos de sus gabinetes de curiosidades, se pretende introducir al lector en un proceso asociativo similar al que articulaba aquella manera de conocer. También veremos que los mismos autores tienen mucho de coleccionistas, de enciclopedistas y de constructores de su propio conocimiento.

La manera en que me acercaré a estas formas de hacer podría ser paralela a un prototípico proceso creativo outsider. Si este libro fuera una creación outsider… la intuición jugaría un papel importante, crecería en espiral, de forma orgánica, como un vegetal, tendería a ritualizarse y a buscar un sistema de orden. El resultado es un inventario del arte outsider, azaroso como todo inventario, en el que se catalogan y ordenan las obras en base a una intuición y una inclinación personal. Otro observador habría encontrado más relevantes otras categorías; más apropiado otro criterio. He procedido como Bispo do Rosário, que preparaba la salvación de todo aquello que le gustaba antes de la llegada del Juicio Final.

El recorrido abarca las grandes figuras del art brut recogidas por Prinzhorn y más tarde por Dubuffet, y acoge también manifestaciones más recientes. Nos referimos a obras realizadas en talleres como el Creative Growth Arts Center por disminuidos psíquicos y algunas piezas creadas por personas que ni son enfermos mentales, ni disminuidos psíquicos, sino que forman parte del arte outsider porque no tienen formación artística y porque se entregan a la actividad creativa con urgencia y devoción al margen del contexto artístico. La mayoría de los entornos intervenidos que estudiaremos están realizados en esos términos. Hay quienes encuentran la mejor definición para este tipo de creaciones en el concepto folk art.

En el primer capítulo he prestado atención al fenómeno de la repetición. En este marco, se estudió la pulsión de repetir un gesto que genera una huella o patrón y la tendencia a reincidir en un símbolo. Resultará interesante observar la relación de lo reiterativo en la obra de estos autores con los conceptos estereotipia y estilo. Se dedicará una sección a la “expresión autorreferencial” o incursión de autorretratos en la obra de manera obsesiva.

A continuación, analizaré la creación producida bajo estados alterados de conciencia en el arte mediúmnico, con las características que suele llevar asociadas: automatismo, ambivalencia gráfica, horror vacui y procesos anticonceptuales (de las partes hacia el todo). En este capítulo consideraré también un tipo de manifestaciones híbridas que, sin llegar a ser mediúmnicas, emanan un halo visionario o chamánico.

Otro fenómeno interesante e insistente es lo que he llamado “escritura plástica”, dentro del cual se inscriben todas las pulsiones de escritura que trascienden la función narrativa. En él veremos devotos calígrafos, originales tipógrafos, inventores de alfabetos, músicas y fórmulas matemáticas sin solución posible.

En el capítulo Bordados, textiles y muñecos se tratarán los procesos asociados a la dinámica coser-descoser, viendo redefinidas las reglas del bordado y observando la extraña tendencia que lleva a crear muñecos.

El amplio terreno de los “entornos intervenidos” será abordado sucintamente en todos los capítulos del libro y con mayor detenimiento en el capítulo titulado Reciclaje y acumulación. En él, se observará el papel fundamental que desempeña la reutilización de materiales en las construcciones, así como en el dibujo, la pintura y la escultura.

Y por último, el capítulo que lleva por nombre Microuniversos, máquinas maravillosas y mapas. En él veremos las creaciones relacionadas con la generación de un mundo a medida. Un conjunto de historias que comprenden estados inventados, cartografías y cosmogonías, así como aquellos entornos, esculturas –o, como dice Juan Antonio Ramírez, “escultecturas”– basados en mecanismos que dan lugar a “máquinas maravillosas”.

La intención de este libro es aportar una visión general sobre el arte outsider desde el punto de vista de alguien familiarizado con los procesos creativos, así como plantear un entramado sobre el que se asentarán las bases para comprender cómo sucede este habérselas con la creación en personas que se han mantenido al margen del mundo del arte hasta un extraño momento en que se encuentran con una necesidad imperiosa, inevitable, de dar forma.

[1] ALCAIDE SPIRITO, C. (2001). Expresión artística y terapia. Talleres de expresión plástica para pacientes psiquiátricos en un Hospital de Día. Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, España; CARPINTERO ZENDEJAS, L. A. (2005). Uso de materiales no tradicionales en el proceso creativo artístico: aplicaciones a la enseñanza. Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, España; DEL RÍO DIÉGUEZ, M. (2006). Creación artística y enfermedad mental. Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, España; HERNÁNDEZ MERINO, A. Mª (2000). De la pintura psicopatológica al arte como terapia en España (1917-1986). Tesis doctoral, Universidad Politécnica de Valencia, España; POLO DOWMAT, L. C. (2005). Técnicas plásticas del arte moderno y la posibilidad de su aplicación en arteterapia. Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, España; VASSILIADOU YIANNAKA, M. (2001). La expresión plástica como alternativa de comunicación en pacientes esquizofrénicos. Arteterapia y esquizofrenia. Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, España.

[2] Nótese la mayúscula.

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