La vuelta del malón. Cultura visual y violencia estatal en Argentina

En este artículo planteamos un pequeño ejercicio de análisis de una genealogía visual que hilvana las imágenes del genocidio perpetrado en la Patagonia argentina a finales del siglo XIX con las actuales imágenes de represión y violencia estatal hacia las comunidades Mapuche. Una genealogía que se extiende hacia otros movimientos, grupos y colectivos, construyendo la idea de un Otro como enemigo interno del orden y el Estado.

Imágenes en ondas hertzianas. El vibratory cinema de David Lynch.

La electricidad tiene un lugar destacado en el cine de Lynch. Los ambientes poseen una carga electromagnética, generalmente con luces defectuosas o fallos eléctricos. El propio Lynch se ha definido a sí mismo como una especie de radio que busca sintonizar ideas e imágenes – no por casualidad lo eléctrico, lo maquínico y lo orgánico se dan cita constante en sus trabajos. Un vibratory cinema que funciona como un ecosistema. Dentro de esta atmósfera las imágenes despliegan su acción fundiéndose con otros fenómenos como los acústicos. Silencio, ruido, interferencias, música y ambientes ominosos se convierten en las partículas elementales de estas realidades donde todo parece no ser lo que aparenta.

El rostro como dispositivo: De la antropometría a la imagen biométrica.

Al rostro lo ligamos de un modo demasiado natural y familiar con las expresiones de nuestro yo y el de los otros. Pero como señala David Le Breton, las personas no han contemplado su rostro desde siempre ni bajo las mismas condiciones o los mismos temores. Como creación cultural, el rostro tiene una larga historia. Es un espacio ambiguo, anamórfico. Nuestra relación con el rostro es a través de sus imágenes. Espejos, reflejos, fotografías, visones. El sentimiento acerca del rostro merece una genealogía, una cuidada atención puesto que ese sentimiento es producto de una construcción cultural por la cual, a partir de la modernidad, se determina el estatus social otorgado a la persona. El rostro se ofrece por la imagen, nunca es completo sino fragmentario, ambivalente. Diversos medios de la imagen se obstinaron en hacerlos visibles, reconocibles o explorables. La antropometría estableció una nueva relación entre el rostro y el Yo, una nueva medida de lo humano. La fotografía permitió explorar, medir y clasificar las imágenes del rostro y del ser humano. Pero las imágenes de rostros que abordaremos en este artículo son imágenes producidas por técnicas de reconstrucción y reconocimiento facial basadas en datos biométricos y genéticos. Responden a los condicionamientos de un dispositivo de la mirada que captura y determina conductas y discursos. Determinados dispositivos se han impuesto como articulaciones óptico espaciales, pero también epistémicas, políticas e ideológicas, capaces de asumir una concepción específica de la visión y de la posición del sujeto frente al mundo. Si la historia del retrato “da imagen”- en el sentido de Mitchell- a la historia del desarrollo del proceso de individuación del yo, la biometría genética lo disuelve por completo puesto que no es una medida de lo humano sino su negación.

Del Atlas mnemosyne a GIPHY: La supervivencia de las imágenes en la era del GIF.

Del Atlas mnemosyne a GIPHY: La supervivencia de las imágenes en la era del GIF. (Marina Gutiérrez De Angelis).
Desde los más simples y masivos hasta el GIF ART, el GIF-ITI o los implantes del Net Art este artefacto visual es uno de los protagonistas indiscutibles de la cultura visual 2.0. Sus particularidades técnicas, sus modos de existencia en la red hasta sus expresiones artísticas y creativas, pueden ser un medio de expresión y reiteración de emociones, un objeto anestesiante o un juguete óptico y reflexivo. Las plataformas que los albergan son un gran síntoma de la cultura visual contemporánea donde podemos navegar para comprender mejor nuestro propio tiempo.